El federalismo nació en Estados Unidos, como una fórmula capaz de combinar el deseo de un gobierno unificado y, a la vez, diverso; que protegiera a los habitantes de los abusos del poder absoluto. Esta idea de protección contra el despotismo aún planea en la sociedad americana actual y es producto de la constitución que se supieron dar en 1776, en la cual los padres fundadores establecieron un sistema de poder con contrapesos.
¿De qué hablamos cuando nos refererimos al federalismo? El vocablo federalismo viene del látin fedus, que significa pacto, confianza recíproca. Es un acuerdo entre partes que se reconocen como iguales y que sobreponen sus intereses particulares a un interés común, dejando ciertas funciones en un gobierno central, llamado gobierno federal. En general, las competencias cedidas en exclusiva al gobierno central son las de política exterior, defensa y politica económica (entendida como política monetaria y fiscal). Los componenetes del estado federado, todo y reconocerse anteriores al estado federal y depositarios primarios de las competencias emanadas de la voluntad popular, están todos en pie de igualdad. En este sentido, en Estados Unidos se reconocen como iguales tanto Massachusetts (que es una de las 13 colonias que se emancipó de Gran Bretaña) como Hawaii (que es el último estado en incorporarse a la Unión, en 1959).
El federalismo tiene la virtud de estar compuesto por dos fuerzas comtrapuestas y a la vez complementarias. Por un lado, es una gran fuerza de composición: las partes se unen para formar un todo diferente y mayor a la suma de sus partes, reconociendo una voluntad común de pertenecer. Por otro lado, el federalismo es una gran fuerza de descomposición, que reconoce la diversidad entre sus componentes, permitiendo que la identidad común sea acompañada de una identidad local. Estas dos indentidades no son rivales, sin más bien, simbióticas.
En España, la Constitución de 1978 reflejó los condicionantes de la época y estableció un sistema sui generis de gobierno unitario con transferencias asimétricas y a la carta de competencias a las autonomías. Esto ha llevado a que, en la práctica, no todas las autonomías tengan las mismas competencias, complicando de manera adicional el reparto de tributos entre territorios. Además se han creado regímenes fiscales "particulares" y el reconocimiento de comunidades "históricas", dando la sensación de crear un status superior de algunos sobre otros.
El verdadero estado federal exige que sus componentes renuncien a sus privilegios "históricos" o a recibir una mención especial como "nación", "nacionalidad", "comunidad histórica" y similares, así como establecer un régimen fiscal común para todo el territorio sin perjuicio de los tributos que, en uso de sus atribuciones, imponga cada comunidad autónoma.
El federalismo como sistema es deseable, combina las fuerzas centrífuga y centrípeta que hace de muchos uno, sin uniformar sensibilidades, haciendo de todo el Estado la casa de todos.
Una España federal es deseable. La pregunta que nos debemos hacer es: ¿Una España federal es posible?
lunes, 13 de octubre de 2008
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