Es una jornada de nuevo año, y también una jornada de reflexión o de juicio, tal como sería una de las traducciones de la celebración (Rosh Hashaná). Esta reflexión se manifiesta ya en el hecho individual e íntimo del rezo, del contacto del cada hombre y mujer con lo trascendente, ya en el encuentro con la familia o los prójimos (o próximos, para acercarnos al significado). Esos prójimos que quizas no están tan cerca nuestros geográficamente pero que sí habitan en nuestros corazones.
Esta fiesta del año nuevo conduce a la más sagrada fiesta del Iom Kipur (Día del Perdón).
Estos son días de reflexión, como he dicho y tambien de contrición.
Un nuevo aniversario que nos da alegria. Alegría de poder seguir celebrando que el pueblo judío, que fue perseguido durante siglos y que algunos todavía se obstinan en perseguir, sigue vivo. Más vivo que nunca, afortunadamente. Por un nuevo año y muchos más!
Shana Tova.
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