viernes, 30 de mayo de 2008

El PP en su laberinto

A pesar de los intentos de Mariano Rajoy de dar un vuelco en la estrategia del Partido Popular, y llevarlo hacia el centro, dejando de lado las posturas intransigentes que han signado los últimos 10 años, las voces de los halcones del partido siguen haciéndose oír ¿Por qué el PP sigue atrapado en esa estrategia ?¿Es creíble que Rajoy, que ha sido funcional a política de crispación durante 2 campañas electorales, pueda gestionar un cambio de rumbo?

A la primera pregunta cabe responderla desde la psicología cognitiva. En general, los seres humanos tenemos una aversión al riesgo y tratamos de eliminar nuestras pérdidas. Sin embargo (como ha mostrado el premio Nobel Daniel Kahneman), cuando razonamos una estrategia, muchas veces erramos, producto de un sesgo que se produce por sobreestimar nuestras habilidades (o posibilidades). Por ejemplo, la mayoría de nosotros cree que conduce el coche mejor que el promedio, siendo esto falso por definición: no podemos ser todos mejor que el promedio! Pongamos un ejemplo: Supongamos que nos dan a elegir entre dos alternativas. Alternativa A: una pérdida segura de 800 euros. Alternativa B: un 90% de probabilidad de perder 1000 euros y un 10% de probabilidad de no perder nada. Claramente, al opción A es estadísticamente superior (el valor esperado de la pérdida en la alternativa B es de 900 euros). Sin embargo, experimentos realizados en diversos países del mundo reflejan que la mayoría de la gente prefiere la alternativa B. La gente prefiere evitar una pérdida segura, aún a costa de que puede perder más dinero en la otra alternativa. La gente tiende a sobreestimar sus posibilidades: dirá “yo soy mejor y seguro que no pierdo nada”.

¿Qué tiene que ver este experimento con la situación del PP? Los líderes que han sido los abanderados de la crispación saben que es muy costoso aceptar el cambio en forma voluntaria. Sería reconocer que han estado equivocados durante la última década. En cierto modo sería reconocer la razón a “los otros”. Es una pérdida segura. Sin embargo, si ellos plantan cara y siguen apostando por una posición dura durante esta legislatura, pueden perder más (quien gane en el congreso, tendrá la autoridad para prescindir de quienes no considere pertinentes para la ‘nueva etapa’). También puede pasar que quien resulte ganador sea un ala más afín a la línea dura. En cuyo caso, no habrán perdido nada. Por tanto, la postura de los “halcones” del PP es perfectamente entendible desde este punto de vista.

A la segunda pregunta que habíamos planteado al inicio de la nota, cabe contestarla con un rotundo no. Mariano Rajoy es un heredero del ancien régime’ que aceptó mansamente las tesis de los halcones y que, luego de varios años, ha visto que no funcionaba, que la crispación no tracciona la suficiente cantidad de votos como para formar gobierno. Este pragmatismo repentino hace que la gente pueda ver este cambio como oportunista y, por tanto, no creíble. Cuando un partido grande cambia de rumbo, lo debe hacer con nueva gente. Así ha pasado históricamente en los partidos Demócrata y Republicano en Estados Unidos y con los partidos Conservador y Laborista en el Reino Unido. Las primeras figuras cambian, aunque permanecen las segundas y terceras líneas, de modo que la transición se pueda realizar de forma armoniosa.

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