jueves, 17 de enero de 2008

No quiero un país de iguales

A primera vista parece un título polémico, pero permítame explicar el sentido de esa expresión. Decir que todos los ciudadanos somos iguales (del latín aequalĭs), indica que todos somos lo mismo. Esta afirmación no sólo es falsa, sino también peligrosa. Los regímenes comunistas han intentado siempre crear una sociedad de iguales, anulando la creatividad individual y anteponiendo los intereses del "régimen" (quizás sea mas apropiado decir del Politburó) a los intereses de los ciudadanos. Así produjeron sociedades uniformemente pobres (excluyendo los dirigentes, claro). No es casualidad que utilice el adjetivo "uniforme", ya que si algo ha caracterizado a los regímenes comunistas ha sido su obsesión en uniformar a sus ciudadanos: en la vestimenta, en la forma de pensar, etc.
La "igualación" produce desincentivos a la capacidad creadora. Creo que no es necesario recordar a Schumpeter y otros economistas sobre la importancia de la innovación en el crecimiento económico.
Afirmar que no me gusta una sociedad de iguales no es óbice para decir que en una sociedad abierta es imprescindible la igualdad ante la ley y la igualdad de oportunidades. Este tipo de igualdades "dinámicas" sí son importantes, porque precisamente estimulan y movilizan a los individuos a perseguir sus metas, y alcanzándolas, se beneficia toda la sociedad.
Yo aspiro a una sociedad de ciudadanos equivalentes. Equivalencia proviene del latin aequivălens: "Igualdad en el valor". El liberalismo bien entendido aspira a una sociedad de ciudadanos equivalentes, es decir donde todos tengamos el mismo valor, independientemente de nuestra origen, religión, género, etc.
En una sociedad abierta podemos ser diferentes y equivalentes a la vez. La diferencia es buena porque es la base de la sana competencia y denota nuestra más íntima individualidad. La diferencia hace que los individuos intenten superarse y lleva al avance de la sociedad. Por más que parezca utópico, alcemos nuestra voz en favor de una sociedad de ciudadanos equivalentes. No perdamos de vista que bajo los vagos conceptos colectivos de "sociedad" y "ciudadanía" se encuentran mujeres y hombres reales, que merecen algo más que un gris uniforme.

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